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Oftalmología Aran ha sido creada en Vielha por el Dr. Alejandro Filloy Rius para ofrecer una atención oftalmológica completa y personalizada en la zona de Val d’Aran i Alt Pirineu.

Currículum resumido del Dr. Alejandro Filloy Rius.

  • Licenciado en medicina por la Universitat de Barcelona, premio extraordinario de fin de  carrera.
  • Especialista en oftalmología por el Hospital Universitari de Bellvitge.
  • Doctor Cum Laude por la Universitat de Barcelona en 2015 (Aplicaciones de la  Tomografía de Coherencia Óptica Swept Source en tumores coroideos)
  • Especialista en cirugía vitreorretiniana y retina médica por la Sociedad Española de  Retina y Vítreo (SERV) a través del Programa de Formación de Expertos en Retina.
  • Especialista en retina y cataratas en el Hospital Joan XXIII de Tarragona.
  • Profesor asociado de oftalmología en la facultad de medicina de la Universitat Rovira i  Virgili.
  • Miembro de la Societat Catalana d’Oftalmologia, Sociedad Española de Retina y Vitreo y American Academy of Ophthalmology.

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Entrevista con el Dr. Alejandro Filloy en Arannnau 

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Guía de enfermedades de la visión.

En los siguientes enlaces se describe de forma concisa algunos de los temas más relevantes sobre enfermedades oftalmológicas, incluyendo información sobre síntomas y tratamiento.

 

 

 

 

 

 

 

 

La diabetes y los ojos.

La diabetes es una enfermedad prevalente. Cada vez más la oímos referida como la epidemia del siglo XXI. Los hábitos de vida poco saludables y el envejecimiento de la población está previsto que aumenten aún más su incidencia los próximos años.

La diabetes tiene efectos nocivos en todo el cuerpo; principalmente a través de dañar los vasos sanguíneos, por la cual cosa se resienten la llegada de oxígeno y nutrientes a los tejidos (corazón, cerebro, riñón etc.)

Los ojos también sufren los efectos de la diabetes, de hecho esta enfermedad es a día de hoy la causa más frecuente de cegeuera en los paises desarrollados. Por lo que sabemos, la mayoría de pacientes diabéticos sufrirán algún tipo de complicación ocular a lo largo de la vida, que normalmente será leve o fácil de controlar. No obstante, una minoría de pacientes sufrirán efectos más graves, como decíamos con riesgo de ceguera.

La diabetes afecta los ojos a diversos niveles, los más importante son un aumento la incidencia de las cataratas, que además aparecen en pacientes más jóvenes, y sobretodo, la llamada retinopatía diabética; la retina es un tejido de tipo nervioso, por la cual cosa és una gran consumidora de oxígeno y ser resiente mucho de las restricciones en la circulación sanguínea. Esta retinopatia diabética tiene el potencial de ser grave y amenazar la visión de manera irreversible.

Hoy día dispondemos de tratamientos para la retinopatía diabética (láser, fármacos intraoculares, cirugía) que han mejorado mucho su pronóstico respecto a hace unos pocos años. No obstante, un buen control de la diabetes procurando seguir las indicaciones del médico de cabecera o el endocrinólogo así como una detección y tratamiento precoz siguen siendo hoy día las mejores herramientas para preservar una buena visión. Por este motivo, se recomienda a los pacientes diabéticos en general una revisión anual con su oftalmólogo, quien detectará a tiempo cualquier problema cuando éste sea aún pequeño y fácil de resolver.

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Historia de la oftalmología.

Desde el nacimiento de la humanidad ha sido evidente que los ojos –esos órganos delicados y movedizos a los lados de la nariz- eran las ventanas que nos permitían mirar al mundo (sólo con taparlos estaba claro que la visión dependía de los ojos). Esta función esencial hace que las enfermedades de los ojos figuren entre los males sobre los que sabemos que existe preocupación desde más antiguamente. Hace 2800 años el médico indio Sushruta describió 76 enfermedades de los ojos y, por lo que sabemos, fue el primer cirujano de cataratas. Siglos después, Aristóteles avanzó en la comprensión de la anatomía del ojo y más tarde Vesalio estableció la estructura anatómica utilizada hasta hoy. Durante la edad media, la comprensión del ojo fue avanzando y la cirugía de la catarata se perfeccionó en Europa. El 1805 se abre en Londres el Moorfields Hospital, dedicado a la oftalmolgía y hasta hoy en funcionamiento. La mejora en las técnicas de exploración y la extensión del método científico durante el siglo XIX aportó una profundización del conocimiento y las posibilidades del tratamiento de enfermedades como el glaucoma, intratables hasta entonces.

Los últimos cien años la oftalmología ha avanzado más que en toda la historia previa. Enfermedades de la retina o la córnea sin tratamiento posible hasta recientemente tienen hoy opciones terapéuticas satisfactorias. Aún hay pero condiciones raras y complejas que escapan a la posibilidad del tratamiento. La investigación en campos como la genética y la microelectrónica estan resultando esperanzadoras al respecto.

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Es importante cuidar nuestros ojos y tener en cuenta que, como en otras situaciones, los problemas siempres son menores y más fáciles de tratar si son identificados a tiempo. Conviene buscar consejo cuando notamos que algo no funciona correctamente en nuestra vista.

En la nieve.

La radiación ultravioleta de la luz solar puede ser especialmente perjudicial para nuestros ojos en la montaña. Con cada 1000 metros de altura que ganamos, la cantidad de esta radiación aumenta cerca de un 10%. Esto convierte a la protección solar en especialmente importante en la montaña, i la época cuando esto es más importante es precisamente ahora. En invierno, la capa de nieve actúa como un espejo que refleja la luz y la radiación, así que los ojos reciben mucha más cantidad de las mismas. Además, esta luz que proviene del suelo no se encuentra con las “defensas” de los ojos como la frente o las pestañas.

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Así pues, cuando estamos en la nieve, nuestros ojos reciben una dosis mucho más alta de radiación que aquella para la que están preparados, i ésta puede ser suficientemente intensa para lesionarlos. El daño más importante por exposición a la radiación ultravioleta es la oftalmia solar, conocida también como ceguera de la nieve o queratitis actínica, una reacción inflamatoria de la córnea que cursa con dolor, visión borrasa, inflamación y enrojecimiento de los ojos que aparece unas horas después de haber estado en la nieve –no es raro que las molestias empiecen por la noche, incluso al dormir. Con el tratamiento adecuado, la oftalmia solar normalmente se recupera rápido y sin secuelas pese a lo llamativo de los síntomas.

Otras lesiones oculares relacionadas con la radiación ultravioleta (cataratas, daño en los párpados o la retina) son más graves y menos frecuentes.

Protegernos dela radiación ultravioleta en la nieve es importante y es fácil: Uso de gafas de sol. Lo más importante de las mismas es precisamente el grado de protección contra la radiación ultravioleta; este ha de ser un 4 como mínimo. Además las gafas han de ser de buena calidad (policarbonato u otros materiales resistentes a los impactos) y cómodas de modo que no nos moleste su uso prolongado.

Las cataratas.

La catarata es una de las causa de pérdida de visión más frecuentes en el mundo. La primera definición de esta enfermedad y su tratamiento se remontan a hace más de 2700 años por el médico indio Sushruta.

La catarata consiste en la pérdida de transparencia de la lente natural del ojo, el cristalino, que se halla en el interior del ojo justo detrás de la pupila o niña. El hecho de que esta pérdida de transparencia ocurra naturalmente con la edad hace de la catarata una enfermedad que en un momento u otro afectará a cerca del 100% de la población mayor. Existen otras causas que predisponen a la aparición de catarata en pacientes más jóvenes como la diabetes, ciertos medicamentos o enfermedades genéticas que pueden causar la enfermedad incluso en recién nacidos

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El diagnóstico temprano de la catarata es importante, tanto como para evitar que ésta llegue a un alto grado de desarrollo como para descartar otras causas concomitantes de pérdida visual. Los síntomas de la catarata suelen ser la pérdida de visión lenta y progresiva en ambos ojos –de aquí su nombre, al dar la impresión de que un velo como una catarata de agua se instala delante de la visión-. En el caso de diagnosticarse, el tratamiento con la operación proporciona un grado de éxito muy elevado. La intervención en sí aunque técnicamente compleja es poco aparatosa, usándose normalmente anestesia localy sin requerir ingreso en el hospital.

A día de hoy, la técnica más extendida para operar la catarata es la facoemulsificación, que consiste en retirar este cristalino opaco del ojo tras pulverizarlo con ultrasonido –lo que permite realizar el prodecimiento a través de una herida de menos de 3 milímetros-. Normalmente, immediatamente tras retirar el cristalino se implantará una lente artificial en el ojo para sustituir a esta lente natural que acabamos de extraer. La lente estará graduada a la medida del paciente Existen diversas lentes disponibles, que simultaneamente pueden corregir el astigmatismo y la vista cansada. La lente más frecuentemente usada hoy dia proporciona buena visión a la distancia, aunque el paciente necesitará sus gafas para la visión cercana (leer o coser, p.ej).

La cirugía refractiva.

Las ametropías (miopía, hipermetropía, astigmatismo y vista cansada o presbícia) son las alteraciones de la visión más frecuentes. La práctica totalidad de la población necesita o necesitará en algún momento de alguna ayuda visual en forma de gafas o lentillas para compensar alguna de estas afecciones.

La cirugía refractiva comprende todos los procedimientos que en forma de una operación pretenen corregir las ametropías eliminando la necesidad de dichas gafas o lentillas. De forma simplificada, la forman tres alternativas:

Cirugía láser: Esta intervención aplica un láser sobre la córnea, la cara frontal transparente del ojo que actúa como lente principal del mismo, y mediante un “desgaste” controlado de la misma cambia su forma ligeramente, cambiando por lo tanto la graduación del ojo y ajustándolo a un nuevo estado en que será capaz de enfocar las imágenes en la retina de forma correcta.

Lentes intraoculares: Cuando por diversos motivos (edad, grado de ametropia a corregir u otro) el láser no es una alternativa, se puede recurrir a implantar una lente en el interior del ojo que actuará a modo de una gafa interna permanente. Dicha lente se puede implantar “de más a más” es decir complementado al cristalino, la lente natural del ojo, o bien se puede implantar tras haber extraido el mismo, en una cirugía similar a la de las cataratas. El tipo de lente a elegir entre estas dos dependerá fundamentalmente de la edad del paciente.

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Como otros procedimientos, la cirugía refractiva puede no ser la opción adecuada para todo el mundo Aunque en manos adecuadas tiene unas tasas muy altas de éxito, hay que remarcar que se trata de un procedimiento quirúrgico, no falto de riesgos y complicaciones, por lo que es fundamental un asesoramiento responsable antes de tomar ninguna decisión al respecto. No olvidemos que estamos hablando de pacientes sanos, que con sus gafas o lentillas ven perfectamente, por lo que cualquier complicación supone un deterioro de la calidad de vida. Así pues, en pacientes con especial riesgo de complicaciones, seguir con las gafas puede ser la mejor opción.

Miodesopsias y Desprendimiento de Retina.

La retina la encontramos recubriendo la parte interna del ojo como un papel pintado que recubre la pared mientras que el centro del ojo está relleno de un líquido gelatinoso, el vítreo, que se encuentra aderido a la retina pero que con los años se separa de la misma en un proceso natural llamado desprendimiento del vítreo. Ocasionalmente este desprendimiento de vítreo producirá la aparición en el campo visual de “manchas” o “moscas volantes” semitransparentes que parecen estar flotando delante nuestro i que se mueven cuando movemos la vista. Estas moscas pueden ir acompañadas de visión como de chispas o relámpagos. En un pequeño número de casos el desprendimiento de vítreo se produce de forma patológica, provocando una rotura en algún punto de la retina. Si esta rotura no recibe el tratamiento adecuado, con los días el líquido del interior del ojo se puede meter por debajo provocando que la retina se despegue de su lugar y ocasionando el desprendimiento de retina. En este punto, las moscas volantes se convertirán en una cortina que progresivamente irá tapando el campo de visión.


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El mejor tratamiento del desprendimieno de retina consiste en evitar que éste llegue a producirse. Por eso, si apreciamos la aparición súbita de estas moscas volantes hemos de procurar que se nos examine ràpidamente el fondo de ojo por un oftalmólogo para que compruebe si nuestro caso va acompañado de roturas en la retina. Si es así, las roturas se pueden tratar con láser de manera eficaz para evitar que progresen. Si cuando acudimos el desprendimiento de retina ya está presente la única opción disponible es la cirugía, más aparatosa pero que hoy día aporta altas tasas de éxito, especialmente en desprendimientos recientes que no han tenido tiempo de hacerse grandes.

Así pues el desprendimiento de retina es una situación potencialmente grave que tratada a tiempo se soluciona satisfactoriamente. Conviene estar alerta y consultar rápidamente si experimentamos alguno se los síntomas que hemos relatado.

La Degeneración Macular Asociada a la Edad.

Esta enfermedad (abreviada:DMAE) es hoy en día la principal causa de ceguera en la población de tercera edad en el primer mundo. El envejecimiento de la población junto con la aparición de tratamientos novedosos la tienen a día de hoy en el centro del debate médico.

Como su nombre indica, la DMAE afecta la mácula, que es el área central de la retina. Esta se ocupa de proporcionar la visión fina (la capacidad de distinguir caras, o letras, por ejemplo).

Esta enfermedad se manifiesta en pacientes de edad avanzada y provoca una pérdida de visión, en la mayoría de los casos lentamente progresiva, aunque puede evolucionar a formas en las que la pérdida es muy acelerada. Tradicionalmente se ha hablado de dos formas de DMAE, la “seca”, más frecuente, en que la pérdida de visión es lenta, y la “húmeda” o hemorrágica-exudativa, que puede debutar de una forma más agresiva, dando lugar a una pérdida rápida de visión. Los pacientes con DMAE pueden por tanto empezar a percibir los síntomas de forma muy sutil (en forma de visión borrosa o de ondulaciones como las de la imagen) o bien pueden apercibir una disminución brusca de la visión de un día para otro o incluso la aparición de un escotoma, una mancha situada en el centro del campo de visión.

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Lo más importante para el tratamiento de la DMAE son un diagnóstico, seguimiento e instrucciones adecuadas. La forma “seca” no tiene tratamiento como tal, pero la forma “húmeda” se puede tratar hoy en día mediante los fármacos antiangiogénicos, que han mejorado espectacularmente el pronóstico visual para estos pacientes si son tratados a tiempo. Sin embargo este tratamiento tiene limitaciones, y como hemos mencionado no lo hay para la forma seca de la enfermedad, de forma que en todo el mundo se estan ensayando docenas de tratamientos nuevos que a seguro cambiarán a mejor el pronóstico y calidad de vida para este número de enfermos en incremento.

Oftalmología infantil.

Para un correcto funcionamiento de los ojos, además que estos estén bien formados también es necesario que se encuentren bien “conectados” con el cerebro. Los transtornos en estas conexiones dan lugar a los problemas visuales más importantes que aparecen en los niños: las ambliopías y los estrabismos.

La ambliopía o ojo vago se da cuando alguno de los dos ojos capitaliza la mayoría de conexiones nerviosas hacia el cerebro. Esto ocurre porque el otro ojo no puede funcionar al mismo rendimiento que su compañero. La causa más frecuente de esta situación es la existencia de una diferencia de graduación entre los dos ojos, de forma que el ojo que ve mejora pasa a ser dominante mientras que el ojo con peor visión queda “marginado” de modo que aunque se corrija su graduación con gafas no puede proporcionar una visión normal. El tratamiento de la ambliopia consiste en “penalizar” al ojo dominante, normalmente cubriéndolo con un parche unas horas cada día para que así el ojo más debil pueda inducir al sistema nervioso a construir conexiones con él. Este tratamiento normalmente es exitoso consiguiendo mejoría o normalización de la visión del ojo más debil. No obstante, conviene detectar esta afección a tiempo: Como mayor sea el niño, menor éxito tendrá el tratamiento. El límite de edad para tratar una ambliopía se considera en general que ronda los 8 o 9 años, siendo el éxito muy superior en niños más jovenes.

Los estrabismos (desviación de uno o ambos ojos) suelen ser más llamativos ya que llaman la atención del entorno del niño. Normalmente el estrabismo se podrá tratar con las gafas adecuadas al caso. En ocasiones hay que utilizar además cirugía de recolocación de los músculos oculares para completar el tratamiento, con tasas de éxito muy elevadas.

La mayoría de afecciones oculares en los niños son tratables satisfactoriamente. Es conveniente una revisión antes de los 5 o 6 años para detectar una potencial ambliopía. Como siempre, cualquiera anomalía detectada tendrá un resultado mejor cuanto antes se diagnostique y se trate.

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