Desde el nacimiento de la humanidad ha sido evidente que los ojos –esos órganos delicados y movedizos a los lados de la nariz- eran las ventanas que nos permitían mirar al mundo (sólo con taparlos estaba claro que la visión dependía de los ojos). Esta función esencial hace que las enfermedades de los ojos figuren entre los males sobre los que sabemos que existe preocupación desde más antiguamente. Hace 2800 años el médico indio Sushruta describió 76 enfermedades de los ojos y, por lo que sabemos, fue el primer cirujano de cataratas. Siglos después, Aristóteles avanzó en la comprensión de la anatomía del ojo y más tarde Vesalio estableció la estructura anatómica utilizada hasta hoy. Durante la edad media, la comprensión del ojo fue avanzando y la cirugía de la catarata se perfeccionó en Europa. El 1805 se abre en Londres el Moorfields Hospital, dedicado a la oftalmolgía y hasta hoy en funcionamiento. La mejora en las técnicas de exploración y la extensión del método científico durante el siglo XIX aportó una profundización del conocimiento y las posibilidades del tratamiento de enfermedades como el glaucoma, intratables hasta entonces.
Los últimos cien años la oftalmología ha avanzado más que en toda la historia previa. Enfermedades de la retina o la córnea sin tratamiento posible hasta recientemente tienen hoy opciones terapéuticas satisfactorias. Aún hay pero condiciones raras y complejas que escapan a la posibilidad del tratamiento. La investigación en campos como la genética y la microelectrónica estan resultando esperanzadoras al respecto.

Es importante cuidar nuestros ojos y tener en cuenta que, como en otras situaciones, los problemas siempres son menores y más fáciles de tratar si son identificados a tiempo. Conviene buscar consejo cuando notamos que algo no funciona correctamente en nuestra vista.
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