La radiación ultravioleta de la luz solar puede ser especialmente perjudicial para nuestros ojos en la montaña. Con cada 1000 metros de altura que ganamos, la cantidad de esta radiación aumenta cerca de un 10%. Esto convierte a la protección solar en especialmente importante en la montaña, i la época cuando esto es más importante es precisamente ahora. En invierno, la capa de nieve actúa como un espejo que refleja la luz y la radiación, así que los ojos reciben mucha más cantidad de las mismas. Además, esta luz que proviene del suelo no se encuentra con las “defensas” de los ojos como la frente o las pestañas.

Así pues, cuando estamos en la nieve, nuestros ojos reciben una dosis mucho más alta de radiación que aquella para la que están preparados, i ésta puede ser suficientemente intensa para lesionarlos. El daño más importante por exposición a la radiación ultravioleta es la oftalmia solar, conocida también como ceguera de la nieve o queratitis actínica, una reacción inflamatoria de la córnea que cursa con dolor, visión borrasa, inflamación y enrojecimiento de los ojos que aparece unas horas después de haber estado en la nieve –no es raro que las molestias empiecen por la noche, incluso al dormir. Con el tratamiento adecuado, la oftalmia solar normalmente se recupera rápido y sin secuelas pese a lo llamativo de los síntomas.
Otras lesiones oculares relacionadas con la radiación ultravioleta (cataratas, daño en los párpados o la retina) son más graves y menos frecuentes.
Protegernos dela radiación ultravioleta en la nieve es importante y es fácil: Uso de gafas de sol. Lo más importante de las mismas es precisamente el grado de protección contra la radiación ultravioleta; este ha de ser un 4 como mínimo. Además las gafas han de ser de buena calidad (policarbonato u otros materiales resistentes a los impactos) y cómodas de modo que no nos moleste su uso prolongado.
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